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miércoles, 26 de junio de 2013

AUGE CACAOTERO Y CONSOLIDACION DE LA BANCA


En todo caso, entre 1880 y 1920, es decir durante cuatro décadas, se produjo el gran auge de las exportaciones del cacao  ecuatoriano. Acompañando a ese “boom” se fortaleció la hacienda-plantación en la costa ecuatoriana y particularmente en la cuenca del río Guayas. Además, se desarrolló el primer núcleo de una burguesía comercial y financiera en el país concentrada en la ciudad de Guayaquil, se produciría aquí un ligero inicio de manufactura e industria y se pronunciaría la diferenciación regional entre la Costa y la Sierra, que había  caracterizado la vida republicana del Ecuador desde su fundación.
Esta época cacaotera coincidió, finalmente, con el ascenso y luego el declive del liberalismo como tendencia ideológica y  política en el país. En 1895, nacida en Guayaquil, se inició la fase radical de la Revolución Liberal Ecuatoriana acaudillada por Eloy Alfaro. Pero desde 1912, tras la muerte del célebre Viejo Luchador, paulatinamente el liberalismo se comprometió con el sector burgués-oligárquico  que hegemonizaba la vida nacional, hasta derivar el liberalismo en un partidismo político aliado a la plutocracia” bancaria. Este dominio desgastó las esperanzas liberales y frustró la identificación con las causas populares, de manera que en 1925, coincidiendo con la crisis cacaotera, la intervención militar institucional del Ejército puso fin a la hegemonía liberal-oligárquica e inició un nuevo ciclo en la vida política nacional.   
Los hacendados “gran cacao”
Durante los cuarenta años del “boom” cacaotero, la producción creció en forma consistente hasta sobrepasar el 1 millón de quintales anuales, Ecuador se convirtió en el principal productor mundial de cacao y florecieron tanto las haciendas cacaoteras como los múltiples negocios, que hicieron de Guayaquil la ciudad más dinámica, comercial y   4 rica del país. Las ventas del cacao generaron los mayores ingresos por exportaciones y financiaron significativamente el presupuesto estatal.
nacionales y algunos extranjeros radicados en Guayaquil, se dedicaron a explotar el  cacao silvestre o a extender sus cultivos, desplazando a los antiguos terratenientes, así como a pequeños y medianos propietarios y creando grandes haciendas productoras en las provincias del Guayas y sobre todo en Los Ríos. Pronto surgió un reducido grupo de unas 20 familias, que controló más del 70 % de las tierras productivas y concentró las propiedades, formando verdaderas dinastías, como los Aspiazu (57 propiedades), Puga (16 propiedades), Seminario (39 propiedades), Caamaño (Tenguel), Morla (28 propiedades), Durán-Ballén (La Clementina), Burgos (23 propiedades), Mandinyá (8 propiedades) y Sotomayor (4 propiedades). 
Estos hacendados, conocidos como los "gran cacao", aprovecharon de la creciente demanda internacional de la fruta y sus atractivos precios, pero, sobre todo, de la fuerza laboral de campesinos sembradores y peones, escasamente remunerados y sometidos a severas condiciones de endeudamiento. Enriquecidos con la producción y venta externa del cacao, algunos hacendados ampliaron la esfera de sus negocios: compraron vapores y lanchas e invirtieron en bancos, compañías comerciales, seguros y empresas manufactureras. Los Seminario y sus descendientes, llegaron a tener un banco en Francia, fundaron la Deutsch Ecuador Cacao Plantagen y mantuvieron grandes nexos en otros países europeos. También tuvieron empresas y negocios en Francia, Alemania o Inglaterra, familias como los Puga o los Caamaño. Grandes exportadores como los Aspiazu, junto con otros "gran cacao", eran accionistas  del Banco del Ecuador, Banco Comercial y Agrícola, Compañía Guayaquil de Seguros de Incendio, Compañía de Préstamos y Construcciones, Empresa de  Carros Urbanos, Compañía Nacional de Teléfonos y Fábrica de Fósforo .            
Aún los gobiernos se vieron condicionados por las  influencias políticas y económicas de la oligarquía. Con el comienzo del siglo XX, la dependencia financiera del Estado con la poderosa banca guayaquileña fue en aumento, a tal punto que uno solo de los bancos, el Comercial y Agrícola  de Guayaquil, comprometió fraudulentas emisiones monetarias, llegó a ser el más fuerte acreedor del Estado y su gerente, Francisco Urbina Jado era un gobernante más de la nación

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